Los llamados “wrench attacks”, ataques físicos o amenazas para obligar a una persona a entregar sus criptomonedas, han provocado robos por más de 30 millones de dólares en lo que va de 2026, según datos citados por Chainalysis. De 46 intentos documentados, solo 12 terminaron con algún pago, pero el monto acumulado muestra que el riesgo sigue siendo significativo.
El dato importa porque traslada una parte del riesgo cripto fuera del terreno puramente digital. Para usuarios, empresas y custodios, la seguridad ya no se limita a contraseñas, billeteras frías o protección contra phishing: también incluye exposición personal, privacidad operativa y manejo de información sensible.
Según el reporte, las filtraciones de datos están agravando el problema. Cuando información personal queda expuesta, los atacantes pueden identificar a posibles objetivos y convertir datos digitales en presión física. Esto aumenta la importancia de reducir la huella pública vinculada a tenencias, direcciones, identidad y hábitos financieros.
Otro punto señalado es el uso de familiares como objetivo. Esa dinámica amplía el alcance del riesgo, porque los atacantes no necesariamente se enfocan solo en la persona que controla los fondos, sino también en su entorno cercano. Para el ecosistema, esto refuerza la necesidad de protocolos de seguridad que contemplen escenarios de coerción y no solo accesos no autorizados.
Aunque la mayoría de los intentos documentados no terminó en pago, el número de casos y el volumen robado sugieren que los ataques físicos siguen siendo una amenaza relevante para quienes poseen activos digitales. La lectura central es clara: a medida que las criptomonedas se vuelven más valiosas y rastreables socialmente, la privacidad y la seguridad personal forman parte de la gestión básica del riesgo.