Venice alcanzó una valoración de 1.000 millones de dólares, mientras su fundador, Erik Voorhees, reforzó su defensa de alternativas privadas a ChatGPT.
El avance sitúa a la compañía en un nuevo nivel de valoración y pone la privacidad de las conversaciones en el centro del debate sobre los servicios de inteligencia artificial.
Voorhees sostuvo que las empresas del sector deben proteger los intercambios de sus usuarios. Su planteamiento vincula el crecimiento de Venice con una propuesta centrada en la confidencialidad de las interacciones.
La valoración refleja el interés en modelos de IA que compitan no solo por sus capacidades, sino también por la forma en que gestionan las conversaciones. Para el ecosistema tecnológico y cripto, Venice representa una apuesta por incorporar la privacidad como elemento diferenciador.