Pauline Shangett, de ChangeNOW, planteó que Web3 está prometiendo libertad financiera, pero en la práctica esa promesa puede quedar limitada a quienes pueden permitirse cometer errores. Su argumento central es que, cuando una misma equivocación se repite entre muchos usuarios, deja de ser simplemente un fallo del cliente y pasa a ser información relevante sobre el diseño del producto.
El punto importa para el ecosistema cripto porque Web3 suele presentar la autonomía del usuario como una ventaja clave. Pero esa autonomía también puede implicar más responsabilidad operativa para personas que no siempre cuentan con margen para perder fondos, tiempo o acceso por una acción mal entendida.
Desde esa lectura, los errores frecuentes no son solo anécdotas de soporte o casos aislados. Son señales de que una interfaz, un flujo o una explicación pueden no estar funcionando para una parte significativa de los usuarios.
La tesis también toca una tensión más amplia del sector: construir herramientas financieras abiertas no basta si la experiencia exige conocimientos, tolerancia al riesgo o capacidad económica para absorber fallos. En ese contexto, la usabilidad se vuelve parte de la inclusión, no un detalle secundario.
Shangett no presenta el problema como una renuncia a los principios de Web3, sino como una llamada a observar mejor cómo interactúan las personas con estos productos. Si los mismos tropiezos aparecen de forma recurrente, el dato ya está ahí: el producto debe aprender de ellos.